El viaje de los libros que ya no lees

Los libros de la silla delante de La Casa de la Pasta

Dicen que hay momentos en la vida en los que toca desprenderse de ciertos objetos. Que hay etapas en las que uno necesita sentirse más ligero, más libre, con menos ataduras.

Uno de esos momentos fue el desencadenante para que los hogares de decenas de vecinos se llenasen de libros en un idioma extranjero.

 

EL DÍA QUE JOSEFINE DECIDIÓ VACIAR SUS ESTANTERÍAS

27 años llevaba Josefine atesorando novelas policíacas, ensayos de mujeres y libros de arte en su lengua materna.

 

Un buen día, decidió que ya era hora de dejar espacio para nuevas aventuras. Ahora la pregunta era, ¿qué hacer con todos esos libros?

 

Luis lo vio claro:

 

“Pondremos un par de sillas delante del restaurante, allí colocaremos los libros y la hucha de Ampfremar, de ese modo, quién quiera, se puede llevar los libros y dejar un donativo para el comedor social de nuestro barrio.”

 

Dicho y hecho.

 

Pero había algo que ninguno de los dos se esperaba…

 

Luis muestra los libros a los vecinos

 

LOS DONATIVOS SE MULTIPLICABAN, PERO LOS LIBROS TAMBIÉN

El pequeño tenderete que había montado Luis en un abrir y cerrar de ojos era, cuanto menos, curioso. Los vecinos se paraban y preguntaban, mantenían conversaciones sobre los ejemplares que conocían y los que les quedaba por leer recordando sus años de juventud al observar las joyas olvidadas de Joan Baez o Jim Morrison.

 

“Luis, yo también tengo libros que ya no me sirven, te los voy a traer”

 

Así fue como empezó todo.

 

Cada vez había más libros y el “pequeño rincón literario” se había convertido en una parada obligatoria para los amantes de la literatura de El Palo. 

 

Conversaciones literarias

 

DE UN PENSAMIENTO FLORECIERON CONVERSACIONES Y AMISTADES

Sí, volvamos por un momento al inicio de la historia.

 

¿Qué hubiese pasado si Josefine hubiese seguido guardando sus libros?

 

¿Qué hubiese pasado si Luis le hubiese propuesto venderlos a una librería de segunda mano o en internet?

 

Luis y los libros

 

El caso es que esta historia pasó tal y como la estoy contando y aún hoy pueden ustedes ver las dos sillas de colores sobre las que descansan libros llenos de aventuras que están esperando un nuevo dueño.

 

Pero eso no es todo, gracias a todos los libros que traen los vecinos, también se suceden las sonrisas en el comedor social de nuestro barrio.

 

Todo comenzó con un pensamiento, el de hacer espacio en las estanterías de Josefine. 

Los vecinos traen libros

 

2 comentarios

  1. Julia
    28 julio, 2018

    Me ha encantado la idea. Es genial

    Responder
    • admin
      28 julio, 2018

      ¡Gracias, Julia! Estamos conociendo personas y libros fantásticos, pásate y echa un vistazo cuando quieras 🙂

      Responder

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